- Ariana Alvarado
- 15 oct
- 1 Min. de lectura
Una reflexión sobre el proceso creativo

He aprendido que emprender no es un destino, sino un verbo que se conjuga igual que vivir.
Un día avanza con claridad, otro se deshace entre dudas y remiendos.Y sin embargo, en ambos, hay creación.
Porque el error no es un desvío, es parte del mapa.
Lo imperfecto te enseña dirección.
Cada caída pule los sentidos, cada intento deja un hilo que cose sentido, uniendo las piezas que te van mostrando el camino hacia tu propósito.

Cuando tenemos claro el centro que nos mueve-el propósito- los tropiezos dejan de ser fracasos y se vuelven giros.
Cada revés puede ser una puerta que no habrías visto si todo hubiera salido ‘bien”.
Emprender me ha enseñado a vivir.
Y vivir, a emprender con el alma más liviana.
Cada proceso es único.
No hay fórmulas perfectas ni direcciones lineales.

En el proceso creativo, cada camino es distinto.
Y a veces, justo cuando parece que todo se desarma,
La vida te está dando la oportunidad de tejer una versión más honesta de ti misma.
Talvez de eso se trate al final: de seguir aprendiendo a crear sin certezas, con las manos llenas de intentos y el corazón dispuesto a volver a empezar.

